Si estos malestares se producen en forma reiterada no dude en consultar al médico; si suceden de manera ocasional constituyen un llamado de alerta para que no matrate su vesícula.
La enfermedad de la vesícula biliar más frecuente es la litiasis biliar, es decir, la formación de cálculos en la vesícula. Esta afección es más habitual en las mujeres (en particular, en las que han sufrido varios embarazos) y en personas obesas.
Durante la digestión de cada comida, la vesícula biliar se contrae en respuesta a la presencia de grasas en el intestino; vertiéndose en éste la bilis almacenada en la vesícula. Cuando por alguna alteración patológica la bilis no llega al intestino, aparecen trastornos diversos: náuseas, vómitos, dolores intensos en la parte superior derecha del abdomen, etc. Por otra parte, las grasas se digieren mal o no se digieren, pues la bilis es imprescindible para esta función.
La base de la dieta para estos casos consiste en reducir la cantidad de grasas, evitando la consecuente disminución de calorías con un incremento en la ingestión de hidratos de carbono, los cuales no provocan la contracción de la vesícula. Se recomienda no ingerir una cantidad de grasas superior a los 60-70 gramos diarios. Por otra parte, hay que procurar que la dieta no proporcione una cantidad de calorías superior a las necesidades diarias. En los enfermos obesos, la dieta deberá ser hipocalórica, pues muchas veces basta simplemente con que adelgacen para que mejoren sus síntomas.
Con frecuencia, al enfermo le perjudica más la forma de preparar los alimentos que el contenido en grasa de los mismos. En general, se toleran mejor las grasas crudas que las cocinadas a altas temperaturas (fritos, etc.). Por ejemplo, muchos enfermos no toleran los huevos fritos pero toleran los huevos pasados por agua, los huevos escalfados (poché) o los duros.
A veces son sólo determinados alimentos los que provocan molestias en la vesícula; incluso algunos cuyo contenido en grasa es inapreciable. En estos casos basta con suprimir dichos alimentos de la dieta. Entre las verduras y frutas, los repollos y similares habitualmente sientan mal, y más raramente, la naranja. Igual puede ocurrir con los mariscos.
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