Los materiales para el proceso de cicatrización los saca de los tejidos de otra parte del cuerpo (el músculo se descompone en aminoácidos que crean un tejido nuevo en el lugar lesionado). Por eso se debilitan tanto las personas con múltiples heridas.
Gradualmente, la herida va rellenándose con tejido granulado, material carnoso y esponjoso que luego será reemplazado por el tejido firme y fibroso característico de las cicatrices.
Las células fibrosas se disponen en definidas figuras geométricas. Estos tejidos más complejos necesitan una provisión segura de sangre; por tanto se forma un intrincado sistema de vasos capilares. Pequeños vasos sanguíneos van avanzando a través del nuevo tejido. Sus extremos están cerrados para que la sangre no escape. Cuando se encuentran con otro vaso capilar se disuelven los extremos, y se unen para formar un nuevo aparato circulatorio. Mediante un proceso más complejo aún, las fibras nerviosas penetran en el nuevo tejido.
Al mismo tiempo, debajo de la costra se forma nueva piel. Alrededor de los bordes de la herida, las células cutáneas se alargan hacia el centro de la zona que perdió la piel, hasta cubrirla.
Este cutis frágil y vivo se curtirá a poco que las células exteriores vayan muriendo y endureciéndose hasta formar una capa inerte. A la semana de producida la herida parece cicatrizada. Pero meses después brotan de sus bordes diminutas fibras musculares que al encontrarse se unen. Mediante este proceso, se confunden la grasa y el tejido conjuntivo de ambos bordes. Quizás un año después el tejido de la cicatriz es sustituido por tejido vivo.
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