La dependencia de una droga no es siempre un motivo de preocupación. Si la sustancia usada es poco tóxica y relativamente barata, como la cafeína (té, café, mate, bebidas cola), la conducta de uso de drogas puede satisfacer los criterios de dependencia pero no constituir un problema médico ni social significativo. Más comúnmente, sin embargo, el uso compulsivo de drogas es generalmente nocivo para el consumidor y para la sociedad de la que forma parte.
El uso compulsivo de drogas se asocia por lo general, pero no necesariamente, con el desarrollo de tolerancia y de dependencia física. Se ha desarrollado tolerancia cuando, después del consumo reiterado, una dosis dada de una droga produce menor efecto, o a la inversa, cuando son necesarias dosis cada vez mayores para obtener los mismos efectos que con la dosis original. La dependencia física es un estado alterado (neuroadaptación) producido por el consumo repetido de una droga que exige su provisión continua para evitar la aparición del síndrome de abstinencia, característico de cada droga en particular, y que consiste en una serie de síntomas como ansiedad, nerviosismo, temblores, depresión, irritabilidad, vómitos, dolor muscular, diarrea, espasmos abdominales, etc.
Según las definiciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) cualquier persona adicta se considera dependiente de la droga, o sea que el uso de la misma invade toda la actividad vital del consumidor y controla su comportamiento.
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