Una vez que se ha desarrollado la aterosclerosis y han comenzado a aparecer los trastornos debidos a la presencia de placas de ateroma (depósitos de colesterol) en las arterias, carece prácticamente, hasta el momento, de tratamiento.
Lo único que cabe hacer es tratar de evitar las graves complicaciones que pueden aparecer en los órganos vitales: corazón, en forma de angina e infarto de miocardio; cerebro, en forma de apoplejía. Se habla entonces de prevención secundaria.
Pero a nadie escapa que lo importante sería poder llevar a cabo una prevención primaria, es decir el conjunto de medidas que deben ponerse en práctica para evitar el desarrollo de la ateromatosis (formación de ateromas). Tal prevención debe comenzar en edades muy tempranas de la vida. Las autopsias realizadas en los soldados muertos en las guerras de Corea y de Vietnam muestran cómo a los 20 años ya pueden tenerse aparentes ateromas en la arteria aorta. La prevención de la aterosclerosis se basa en suprimir los factores de riesgo.
En base a estudios de población se ha determinado que hay factores de riesgo que no pueden ser modificados, como son la edad, el sexo y la herencia. Otros pueden ser parcialmente modificados, como los trastornos del colesterol y otros lípidos, la diabetes, y el estrés y tipo de personalidad. Y pueden ser totalmente modificados, el tabaco, la obesidad, la hipertensión arterial y la falta de ejercicio. Entonces, la alimentación debe aportar el mínimo de colesterol y grasas saturadas; limitar el exceso de calorías para evitar la obesidad.
La abolición del nefasto hábito de fumar es otra medida de capital importancia en la prevención de la ateromatosis. Una actividad física razonable, proporcionada a la edad y condiciones del sujeto, completa el plan de prevención de la ateromatosis. Como se ve, entre las medidas preventivas no figuran los medicamentos. Estos sólo deben ser usados para corregir la hipertensión arterial, para tratar una diabetes, o cuando la dieta no alcanza a controlar el colesterol.